En 1986, empece a dar clases en el club Tiro Federal. Fue un año muy importante en mi vida. Fui madre por primera vez. Tuve ese trabajo legal con vacaciones y aguinaldo incluido… y me encontré frente a un grupo de personas mucho mas grandes que yo, que esperaban que les transmitiera lo que era el yoga.
..Pero qué era el yoga para mi?
Yo practicaba desde niña, de manera autodidacta, basándome en lo que iba sintiendo y necesitando. A esa altura, había tomado clases con diferentes profesores sin encontrarme cómoda en ninguna línea. Como tenia 21 años, mi yoga estaba lleno de inocencia y experimentación. Estaba muy ligado al cuerpo físico, a la destreza, al desafío.

A medida que fui creciendo, mi yoga también fue madurando.
Pasé por períodos profundos de búsqueda energética, por años de rigurosidad, por exigencias, comparaciones, metas externas, angustias, decepciones … hasta ahondar misterios inagotables, en silencio.

Siempre supe que algo glorioso del yoga como forma de vida era que no tenia límite en el tiempo. Que no iba a tener que dejar de enseñar porque mi cuerpo hubiera envejecido. Que si continuaba mi práctica, iba a llegar sincrónicamente el momento en que aunque mis posturas no fueran perfectas, perdiera fuerza, flexibilidad o ligereza, el deterioro de la materia iba a ser compensado con el crecimiento de mi cuerpo sutil. Por el embellecimiento de mi alma.

30 años después de esos comienzos temerosos, me encuentro nuevamente, al inicio de un ciclo que crece en espiral.
Qué es el yoga hoy para mi?
Es la danza de mis células, guiadas por la música de mi consciencia.
Es el abrir y cerrar de cada ciclo.
Es un corazón que late, Un sonido profundo. Un respirar armonioso. Un cuerpo que lleva sus raíces a lo profundo del suelo, y abre sus alas para impulsarse al vuelo.
Una red de manos enlazadas.
Un planeta mas del sistema galáctico.

Los talleres que estoy desarrollando sobre yoga y autoconocimiento, buscan abrir la posibilidad de sumergirnos en cada practica de modo personal, descubriéndonos, permitiendo que preguntas como: “quien soy?” , ”que me pasa? “, “cuánto estoy dispuesto/a a transformar?”, tengan un lugar.
Hago uso de muchas herramientas: desde el método Iyengar al que tanto agradezco, hasta el tarot evolutivo, compañero inseparable, que sabe hablar con lo inconsciente.

Si el ideal máximo del yoga es MOKSHA, Liberación, celebro en mí y en cada uno, la decisión de abrir la puerta a lo desconocido, de salir de los esquemas rígidos, atravesar lo repetido y darle el poder a lo que ES.
Felices 30 años de enseñanza y gracias por la confianza que honra cada uno de nuestros encuentros.